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Pompeya - Historia y Lugares Públicos

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Su Historia 
 No sabemos demasiado de la historia de Pompeya, ciudad que no fue escenario de ningún acontecimiento importante (más que una gran erupción volcánica, por supuesto) y hubiese permanecido en la sombra de no haberla hecho célebre el destino.
 La presencia de un templo dórico del siglo VI A.C prueba que la ciudad existía en esa época  y era permeable a la influencia griega. Que Pompeya hubiese estado después sometida, hacia finales del siglo VI y comienzos del V, a la dominación etrusca es otro problema, tan complejo como controvertido. Algunos motivos arquitectónicos en terracota y numerosos fragmentos de búcaros con inscrpiciones demuestran sin lugar a dudas una influencia etrusca en el arte. Pero en cuanto a la dominación política, las opiniones están  divididas, y hay quienes afirman que Pompeya permaneció siempre bajo la tutela de las colonia griegas que, establecidas al principio en la costa, fueron ganando poco a poco el interior del país. En cualquier caso, y aún siendo cierta la influencia etrusca, terminaría necesariamente en el año 474 con la derrota de los etruscos en la batalla de Cumas, que obligó a Pompeya a quedar de nuevo bajo el ascendiente griego. Hacia el 425 se inicia una fase histórica totalmente nueva, que, con el triungo de los samnitas, llegados del interior, hará conocer a Campania la primera reunificación bajo el dominio de un pueblo itálico. 
 El siglo IV representa para la ciuda un periodo de expansión. A partir de su núcleo primitivo. situado en la zona de los grandes edificios públicos, irá creciendo hacia el norte y el este, con amplios barrios de viviendas. A comienzos del siglo III, Roma derrota a los samnitas extiende su hegemonía a toda la Campania, sin que de ello resulten cambios notables para Pompeya. La pequeña ciudad parece soslayar una vez más los grandes acontecimientos históricos, y las crónicas siguen ignorándola hasta que, en el año 59 D.C. Tácito nos refiere una curiosa anécdota: la riña entre pompeyanos y nucerianos que estalló en el anfiteatro durante un combate de gladiadores, y que fue debida sin duda a rencillas de campanario.
 He aquí el relato de Tácito: 
"En esa época tuvo lugar una terrible matanza entre pompeyanos y nucerianos con ocasión de un combate de gladiadores organizado por el famoso Livineius Regulus, expulsado del senado Romano. El motivode la discordia era másbien nimio, y al principio los espectadores se limitaron a intercambiar insultos, de los que pasaron a las piedras y por último a las armas. Ganaron los pompeyanos, en cuya ciudad se celebraba el espectáculo. Entreo los nucerianos hubo muchos heridos, y no pocas personas de esa ciudad tuvieron que lamentar la muerte de sus hijos o deudos. El emperador ordenó que fuese el senado quien se ocupase del asunt; el senado lo cinfió a los cónsules, y éstos volvieron a confiárselo al senado, que finalmente decidió prohibir a los pompeyanos organizar juegos de anfiteatro durante un plazo de diez años. También acordó la disolución de las asociaciones constituidas conculando las leyes vigentes. En cuanto a Libineius Regulus y los responsables del tumulto, fueron condenados al exilio."
 Tres años más tarde, en el 62 D.C Pompeya y otras varias ciudades de Campania sufrieron los efectos de un terremoto, drama perpetuado en los bajorrelieves que el banquero Caecilius Jucundus hizo esculpir en el atrio de su nueva casa. La reacción de Pompeya ante est catástrofe hizo que la ciudad entera se transformase en una inmensa obra, con ardor que prueba la solidez de su economía. De ello da testimonio uno de los últimos descubrimientos hechos en las ruinas de Pompeya, el famoso "tesoro" artístico encontrado en la casa de Julius Polybius. Estas obras de arte habían sido reunidas en una sola habitación para no estorbar a los obreros, como prueba todavía los montones de cal y de ánforas. Conviene precisar que el dueño era un político influyente cuyas buenas obras, a lo que parece muy concretas, eran propagadas mediante inscripciones murales tales como: "Suministra buen pan".
 Los versos que siguen, garabateados en una pared de la casa, son de un tono muy diferente y constituyen una especie de promonición del futuro drama: 
"Nada es eterno y por mucho que brille el so acabará hundiéndose en el mar. También la luna desaparece cuando hace un instante aún resplandecía en el firmamanto. Luego si un día, bajo los efectos de la cólera, la elegida de tu corazónecha fuego y llamas, permaneces impávido; que a la tempestad no tardará en sucederle el suave céfiro."
Los lugares públicos de la ciudad

 El curioso perímetro trapezoidal de las murallas de Pompeya sigue los contornos de una colina de origen volcánico elegida por su posición privilegiada en la confluencia de varias rutas comerciales. Pero el poblamiento tuvo lugar en épocas diversas, lo que explica por qué dentro de las fortificaciones, construidas en gran parte en tiempo de los semnitas (finales del siglo V y comienzos del siglo IV A.C.), había zonas vacías destinadas a una futura expansión. Estos espacios no fueron totalmente colmados, por lo que se ha podido calcular que sólo dos terceras partes del recinto urbano estaban construidas en el momento de la catástrofe. Por ello la población, antes calculada en unos veinte mil habitantes, no debió exceder de los diez mil.
 El primer núcleo urbano se formó en el ángulo sudoeste de la ciudad actual, en torno al Foro civil, y fue allí donde floreció el mayor conjunto de edificios públicos. Con relació a este primer núclero, de forma cuadrangular, el espacio del Foro triangular, algo más al este, iba a desempeñar el papel de santuario exterior. Desde el siglo VI existía allí un edificio sagrado, el templo dórico. Surgió después de una tercera zona pública al lado opuesto de la primera, en el ángulo sudeste, con el anfiteatro y la palestra. En la fase final de desarrollo, los tres grupos principales de edificios públicos se encontraban, pues, en tres zonas de la parte sur, en tanto que los barrios de viviendas ocupaban, desde la época samnita, el centro y el norte. También en medio de los barrios de vecindad se encuentran algunos edificios públicos, como termas o santuarios, pero poco numerosos y sin llegar nunca a forma grupos importantes en extensión.
 El desarrollo de los barrios de vecindad respondió a reglas muy precisas. Entre las calles principales, que se cruzaban en ángulo recto, se construían bloques de casas fraccionados a su vez por calles más pequeñas.El gran eje norte-sur (cardo maximus) era la calle de Estabias y los mayores ejes este-oeste (decumani maximini) las calles de Nola y de la Abundancia. Los espacios blancos que pueden observarse en el plano topográfico corresponden a zonas aún no exploradas o que las excavaciones recientes han demostrado que no fueron nunca construidas, como ocurre con varias parcelas de las zonas I y II. Estos solares, reservados para futuras viviendas y enteramente vallados, eran aprovechados mientras tanto para cultivar legumbres y vides.



¿Cómo se distribuían los edificios públicos en las tres zonas del Sur?.
La zona más antigua, y también la más importante, es la del Foro civil, en torno al cual están el templo de Apolo, la basílica, el comitium, el edificio de Eumaquia, el templo de Vespasiano, el santuario de los dioses lars, el macellum (mercado) y el templo de Júpiter. 

Pompeya - La ciudad congelada en el tiempo

 English version

Pompeya 
La ciudad congelada en el tiempo
Pompeya, el 24 de agosto del año 79 D.C.
  La ciudad acabe apenas de despertarse y en sus calles comienza el trajín de carretas y mulas. Los pregones de los vendedores ambulantes se mezclan con los ruidos de los puestos callejeros. A media mañana desgarra el aire un rugido terrorífico: el tapón de lava que obstruía la chimenea del monte Vesubio acaba de saltar por la presión de los gases, liberando una nube de lapilli tan espesos que oscurecen el sol antes de volver a caer en forma de lluvia sobre las viviendas. Al llegar la noche, Pompeya está sepultada bajo varios metros de lapilli y cenizas. En vano han intentado huir sus habitantes: asfixiados por los gases, aplastados bajo los edificios, han ido cayendo uno tras otro en casas y calles. Antes de morir, alguien tiene ánimos para escrbir en una pared: "¡Sodoma y Gomorra!".

La bahía de Nápoles en el año 79 D.C
 El reportero del desastre

 El fín de Pompeya  tuvo un testigo ilustre. Las cartas que Plinio el Joven envió a Tácito para describirle la erupción del Vesubio y sus consecuencias son de un vigor, una humanidad y un realismo asombrosos: 
"Ya había empezado a caer la ceniza, pero aún no era muy densa. Me volví: una espesa niebla semejante a un torrente furioso avanzaba hacia nosotros. De pronto cayó la noche, negra como tinta, como el interior de una tumba. Se oían los gemidos de las mujeres, el llanto de los niños, el clamoreo de los hombres. Unos llamaban a sus parientes, otros a sus hijos o a sus cónyuges, mientras intentaban reconocer sus voces. Algunos lloraban por su suerte, otros por la de sus deudos. Había incluso quienes invocaban a la muerte, tan grande era su miedo a morir. Eran muchos los que imploraban a los dioses, pero algunos decían que ya no había dioses y esa noche era la última del mundo".
 Desde el comienzo el comienzo de la erupción, el célebre naturalista Plinio el Viejo, tío de Plinio el Joven, que mandaba la flota de Miseno, había ido a Estabia para observar más de cerca el fenómeno:
"Corrió por la playa para ver si era posible volver a embarcar, pero el mar estaba muy agitado. Entonces se tendió sobre una sábana para tomarse un breve descanso y pidió varias veces agua, que bebiío con avidez. Pero las llamas y los vapores de azufre pusieron en fuga a los habitantes y le despertaron. Se levantó, sostenido por dos esclavos, pero al momento volvió a caer, por que la ceniza que espesaba el aire le impedía respirar y le obstruía la tráquea. Cuando volvió la luz (al tercer día), tanto su cuero como las ropas que vestía fueron encontrados intactos. Se hubiese dicho que dormía, pero estaba muerto."
 Si este testimonio, el único que poseemos, es realmente excepcional, no lo es menos el hecho de que bajo la mortífera capa de cenizas la ciudad pudiera conservarse perfectamente. El día en que fue descubierta y se retiró la dicha capa, apareció milagrosamente intacta, co sus calles, que aún tenían las huellas del paso de las carretas, sus casas y sus edificios públicos. A ello hay que añadir los cuerpos de los hombres y animales que quedaron aprisionados en el terrible cepo. Un ingenioso sistema inventado por el arqueólogo Giuseppe Fiorelli, consistente en verter yeso en las cavidades dejadas por los cuerpos, ha permitido hacerlos reaparecer tal como se encontraban en el momento de su muerte. También han resurgido, en las paredes, dibujos populares, pinturas refinadas, imprecaciones y comentarios obscenos, junto a inscripciones grabadas en el mármol.


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